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Experimentar la Belleza que salva: conversión y reconciliación

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Experimentar la Belleza que salva significa ante todo vivir el camino de la fe, especialmente en la oración personal y litúrgica vivida como oración en Dios, en el Espíritu, yendo por el Hijo al Padre y recibiéndolo todo de Él en la paz. Es la experiencia de reconocerse amados y salvados, apasionadamente confiados al Dios vivo, escondidos con Cristo en las relaciones de amor de la Trinidad. A esa experiencia se llega a través de la conversión del corazón y la reconciliación con Dios y con la comunidad.

La Belleza de la caridad divina -una vez experimentada en lo profundo del corazón- no puede dejar de llevar a la1_20564 superación del individualismo, por desgracia tan difundido incluso entre los cristianos. Nos vemos conducidos a redescubrir el valor del “nosotros” en nuestra vida, tanto en el plano de la comunidad eclesial como en el de cada una de las comunidades familiares y en todas las formas en que, como creyentes, nos encontramos viviendo en relación con los demás. En particular, la belleza de la comunión deberá resplandecer en las comunidades de consagrados y consagradas, que por vocación están llamados a ser imagen de la comunión de toda la Iglesia, fundada en la comunión de la Trinidad divina. Dicha belleza deberá resplandecer también en la liturgia. ¡Qué importante es una celebración litúrgica que en los tiempos, los gestos, las palabras y los enseres refleje algo de la belleza del misterio de Dios!

elevacion-eucaristia500En el corazón de la celebración eucarística, la exclamación “éste es el misterio de nuestra fe” brota cada vez del estupor consciente del orante cuando el esplendor de la verdad se le manifiesta en plenitud. Tras haber hecho lo que el Señor Jesús mandó repetir a los apóstoles “en memoria de Él”, los ojos de la fe se abren como los de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,30-31) y confesamos con estupor y gratitud el “misterio de la piedad” (cf. l Tm 3,16). La Belleza se desvela en el misterio de Cristo que culmina en la pascua: la celebración eucarística constituye su memorial. La exigencia de celebrar bien se enraíza en estas convicciones. Los ritmos de palabra, silencio, canto, música, acción, en el desarrollo del rito litúrgico contribuyen a esta experiencia                                                                                     espiritual.

Fuente: Extracto de la carta pastoral ¿Qué belleza salvará al mundo? De Carlo María Martini 1999-2000 

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