En este V Domingo de Cuaresma, la Iglesia nos invita a contemplar uno de los signos más profundos del amor de Dios: la vida que vence a la muerte. En el evangelio, Jesús no solo se presenta como alguien que puede devolver la vida, sino como la fuente misma de la vida verdadera: “Yo soy la resurrección y la vida”.
Estas palabras no son una promesa lejana ni abstracta. Son una verdad viva que toca nuestra realidad diaria. Todos experimentamos momentos de “muerte”: el dolor, la desesperanza, el pecado, las pérdidas, el cansancio del corazón. Son situaciones donde parece que todo termina, donde la luz se apaga. Sin embargo, Jesús entra justamente ahí, en lo más oscuro, y nos dice: “No tengas miedo, cree”.
Cuando Jesús llama a salir del sepulcro, también nos llama a nosotros. Nos invita a dejar atrás aquello que nos ata, que nos paraliza, que nos impide vivir plenamente. A veces vivimos como si estuviéramos encerrados en nuestras propias tumbas: el rencor, la falta de perdón, la tristeza profunda o la falta de fe. Pero su voz sigue siendo poderosa y actual: nos llama por nuestro nombre y nos ofrece una vida nueva.
En este tiempo de Cuaresma, estamos cerca de la Pascua, el gran triunfo de la vida sobre la muerte. Es el momento de preguntarnos: ¿en qué áreas de mi vida necesito que Jesús me dé vida nueva? ¿Qué “piedras” necesito quitar para dejarlo actuar?
Pidámosle hoy al Señor que fortalezca nuestra fe, que nos ayude a escuchar su voz y a salir de todo aquello que nos impide vivir plenamente. Porque donde está Jesús, la muerte no tiene la última palabra… allí siempre florece la vida.
Os dejamos el POR SI de este quinto domingo de Cuaresma.