San Carlos Borromeo, un pastor apasionado por la catequesis que sigue inspirando a los catequistas de hoy
Cada 4 de noviembre, la Iglesia celebra la memoria de san Carlos Borromeo, uno de los grandes impulsores de la renovación catequética de la Iglesia. Su vida y su compromiso con la transmisión de la fe siguen siendo un referente para los catequistas que, en nuestras parroquias y comunidades, acompañan a niños, jóvenes y adultos en su encuentro con Jesucristo.
La Iglesia conmemora este miércoles 4 de noviembre a san Carlos Borromeo (1538-1584), arzobispo de Milán y una de las figuras más destacadas de la reforma católica del siglo XVI. Su ministerio estuvo marcado por una profunda preocupación por la formación cristiana, la renovación de la vida eclesial y, especialmente, por la catequesis como instrumento fundamental para transmitir y fortalecer la fe.
San Carlos Borromeo comprendió que la renovación de la Iglesia debía comenzar por una formación sólida de los fieles, capaz de ayudarles a conocer, celebrar y vivir su fe. Por ello, dedicó grandes esfuerzos a promover la enseñanza de la doctrina cristiana, impulsar las escuelas de catequesis y favorecer la preparación de quienes asumían la responsabilidad de transmitir el Evangelio.
Un santo que comprendió la importancia de la catequesis
En una época marcada por profundos cambios religiosos y sociales, san Carlos Borromeo reconoció la necesidad de acercar la enseñanza de la Iglesia a todas las personas, especialmente a los niños y a quienes tenían mayores dificultades para acceder a la formación cristiana.
Promovió y organizó escuelas de doctrina cristiana, impulsó la formación de catequistas y animó a sacerdotes y laicos a comprometerse activamente en la educación de la fe.
Su preocupación no se limitaba a que los cristianos adquiriesen conocimientos religiosos. Buscaba que la catequesis ayudase a desarrollar una fe viva, arraigada en la Palabra de Dios, alimentada por los sacramentos y expresada en la vida cotidiana.
Para san Carlos Borromeo, enseñar la fe era, ante todo, ayudar a conocer y amar a Jesucristo.
Esta convicción, que marcó profundamente su labor pastoral, continúa siendo uno de los pilares fundamentales de la catequesis actual.
Los catequistas de hoy, continuadores de una misión que atraviesa los siglos
Más de cuatrocientos años después, la pasión catequética de san Carlos Borromeo sigue presente en la vida de la Iglesia a través de tantos catequistas que, con generosidad y entrega, dedican su tiempo a acompañar a otras personas en el camino de la fe.
En nuestras parroquias y comunidades, los catequistas desempeñan una misión insustituible: anunciar a Jesucristo, despertar la fe, acompañar los procesos de iniciación cristiana y ayudar a descubrir la alegría de pertenecer a la Iglesia.
Su tarea no consiste únicamente en explicar un catecismo o preparar a los niños para recibir los sacramentos. La catequesis es un proceso de encuentro con Jesucristo, de crecimiento en la fe y de incorporación progresiva a la vida de la comunidad cristiana.
Como san Carlos Borromeo en su tiempo, también hoy los catequistas están llamados a responder a los desafíos de una sociedad en constante transformación, buscando nuevos caminos para anunciar el Evangelio sin perder de vista lo esencial: conducir a las personas al encuentro personal con el Señor.
Una catequesis que exige formación, testimonio y entrega
Uno de los grandes legados de san Carlos Borromeo fue su insistencia en la necesidad de formar adecuadamente a quienes tenían la responsabilidad de transmitir la fe.
Esta preocupación adquiere especial relevancia en nuestros días. El catequista necesita cultivar su propia vida cristiana, profundizar en el conocimiento de la fe y prepararse para acompañar las distintas realidades personales y familiares que encuentra en su misión.
El Directorio para la Catequesis recuerda que el catequista es, al mismo tiempo, testigo de la fe, maestro y mistagogo, acompañante y pedagogo (cf. DC 113).
Estas dimensiones expresan una vocación que va mucho más allá de la transmisión de conocimientos: el catequista anuncia aquello que primero ha recibido, vive y celebra.
Por eso, la formación, la oración, la participación en la vida sacramental y la vinculación con la comunidad eclesial son elementos esenciales para desarrollar una catequesis verdaderamente evangelizadora.
San Carlos Borromeo, un ejemplo para nuestra Iglesia diocesana
En este curso pastoral 2026-2027, en el que nuestra Archidiócesis de Santiago de Compostela continúa avanzando en la implementación del nuevo Directorio diocesano para la Iniciación Cristiana, la figura de san Carlos Borromeo adquiere una especial actualidad.
Su empeño por renovar la catequesis, formar a quienes la impartían y fortalecer la vida cristiana de las comunidades nos anima a seguir trabajando por una iniciación cristiana que acompañe a las personas a lo largo de las distintas etapas de su vida.
En sintonía con el lema de este curso catequético, «¿Tes sede?», estamos llamados a ayudar a descubrir que Jesucristo es quien puede saciar la sed más profunda del corazón humano.
La conmemoración de san Carlos Borromeo es, por tanto, una ocasión para agradecer la entrega silenciosa y generosa de tantos catequistas de nuestra Archidiócesis, que semana tras semana anuncian el Evangelio y acompañan a niños, adolescentes, jóvenes y adultos en su camino de fe.
Que el ejemplo de san Carlos Borromeo nos impulse a vivir la catequesis con renovado entusiasmo, a cuidar nuestra formación y a seguir anunciando a Jesucristo con la palabra, el testimonio y la vida.
Porque, ayer como hoy, la Iglesia necesita catequistas que no solo enseñen la fe, sino que la vivan, la testimonien y ayuden a otros a descubrir la alegría de ser cristianos.




