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Las tentaciones de la catequesis popular (II)

SEGUNDA TENTACIÓN:

Descuidar el ambiente de amistad de los catequizados

por dar más importancia a la realización de las metas del programa de la catequesis.

Nos dejamos seducir por esta tentación…

  1. Porque tenemos tan poco tiempo para cada sesión de la catequesis que sentimos forzados a aprovecharlo todo para que comprendan bien el tema.
  2. Debido al método del texto que usamos no incluye este aspecto.
  3. Porque los papás de los niños o jóvenes se quejan si el catequista descuida el catecismo y promueve el relajo, algunos papás hasta sacan a sus hijos de la catequesis porque creen que “están perdiendo el tiempo”.
  4. Porque nuestra experiencia personal ha sido más del estilo clase donde el catequista es más un maestro que un amigo.
  5. O tristemente, porque nosotros mismos somos muy poco amigos con los demás. (¡Cuántos catequistas tienen la carga!) Entre amigos todo es posible. Pero, entre personas que no se quieren, hasta la más mínima tarea en común difícilmente se puede realizar.

Lo mismo sucede en la catequesis. Cuando ésta se reduce a ser sólo un cumplimiento de programas y exigencias, se vuelve estéril; se le acaba la vida.

catequesisPero cuando nosotros los catequistas junto con nuestros grupos de catequizados vamos haciéndonos amigos entre sí y con Dios, entonces dejamos de cumplir y empezamos a realizar nuestras actividades con gusto y satisfacción: ¿A poco no es cierto? Es más, hasta preparamos mejor los temas y metemos más ganas en las actividades. Es que entre amigos se descubre más fácilmente los deseos y las necesidades del otro y se siente más motivados para responderles. Cuando los amigos actúan juntos, espontáneamente “se hace vida”. La amistad es una verdadera experiencia de Dios.

A través de la amistad hemos experimentado al Dios que nos ha liberado… que nos ha hecho revivir. Gracias a eso hemos descubierto “el secreto” de Dios: que él es —sobre todo— Amigo. Claro que él es el Todopoderoso, pero ante nosotros no quiere presentar se ahí. Escoge encarnarse a nuestra condición humana y presentarse ante nosotros sencillamente como Jesús (de Nazareth, el hijo de María, el carpintero, el amigo). Y como amigo, lo que le interesa somos nosotros. Como amigo, lo que quiere es que estemos bien. y la relación con él nos vivifica.

Este mismo Jesús Vivo nos invita personalmente a ser sus amigos. Nos invita a “amarnos los unos a los otros” como él nos ama (A fin y cabo, esto es ser discípulo de Jesús). Nos acompaña y actúa junto con nosotros. Con nosotros él va construyendo su Reino de Más vida para todos.

catequesis2Esta experiencia de Jesús Amigo sólo se da en un grupo de amigos… Y no en cualquier grupo; sólo en uno donde todos quieren conocer a Jesús… para amarlo y seguirlo.

No podemos catequizar si primero no estamos propiciando —tanto de actitud como de acciones— que seamos más amigos. Si lo pensamos, esto es lo más obvio. No se trata de formar a cristianos y después buscar cómo integrarlos a la Iglesia. La formación catequética debe realizarse dentro de una experiencia viva de una Iglesia abierta a los demás y dispuesta a servirles; es decir, dentro de un ambiente de amigos en el Señor.

El catequizado es como una semilla que, aunque tenga vida en sí, no puede crecer si no está en un ambiente que le permita crecer. La semilla necesita sol, aire, agua y buena tierra; el catequizado necesita la fe, la esperanza y —sobre todo— la amistad. Tanto para la semilla como para el catequizado, si falta un sólo elemento de su ambiente, no puede crecer y dar fruto.

La catequesis verdadera debe partir de una comunidad de amigos en el Señor. Si la hay, tenemos que cuidarla; y si no la hay… ¡tenemos que hacer algo para propiciarla! No hay catequesis sin amistad.

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Bill Ameche, Catequista y escritor

Fuente: mercaba.org

Adaptación: www.catequesisdegalicia.com

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