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Hoy se cumplen 5 años del Pontificado de Francisco

¿Sabes cómo es el proceso de elección de un Papa? Aquí te contamos el minuto a minuto de la elección de Francisco.

El 13 de marzo de 2013 era miércoles. Todos los medios de comunicación están centrados en una sola noticia: la tarde anterior había comenzado el cónclave para elegir al sucesor de Benedicto XVI, que poco antes había renunciado como Pontífice.

Y es que se cumplen ahora, los cinco primeros años de pontificado de Francisco. Han sido cinco años intensos, de cambios en la Iglesia, en la Curia vaticana y de una presencia muy destacada del Papa en la arena de la opinión pública.

Cuando la tarde del 13 de marzo, apareció Francisco en el balcón central de San Pedro, tuvimos la impresión de que Jorge Mario Bergoglio era una persona especial. Más especial de cuanto un papa ya lo es de por sí. Como se dice en Roma, él se ha esforzado en conseguirlo: sorprendió con la renuncia a oropeles, con la cruz pectoral y el anillo de plata, usando un coche utilitario, yéndose a vivir a Casa Santa Marta, saliendo a probarse unas gafas…

Pero no debemos olvidar que, aunque esté siendo un pontificado innovador en muchos aspectos, la elección de Francisco se produjo a través de uno de los ritos más tradicionales de la historia de la Iglesia, el cónclave. Y el cónclave que llevó a Francisco al trono de Pedro, nació de una forma muy poco frecuente pues se convocó tras la renuncia de un Pontífice. El cónclave se desarrolla según las normas de la Universi Dominici Gregis (“Del entero rebaño del Señor”), un documento promulgado por Juan Pablo II y actualizado por Benedicto XVI.

Lo que sucedió antes del inicio del cónclave se puede ver en algunas fotografías que hay a continuación.

 

Es la preparación de los espacios y utensilios que serán necesarios, como la puesta a punto de las estufas donde son quemadas las papeletas de las votaciones y que provocan la fumata; la elevación del suelo de la Sixtina, la organización de las mesas donde cada cardenal tiene asignado su puesto, las urnas, de una especie de ábaco con bolitas para contar quién ha votado, las sotanas que el Papa electo llevará. Todo es sencillo, casi espartano. No es solamente seguir la tradición, es que la Sixtina está sellada y todo debe funcionar bien (no podría romperse un marcador electrónico, o que hubiera una única estufa y se estropeara…), pues ningún técnico podría entrar para solucionar el problema. Lo que sucede en el Cónclave podemos saberlo por el reglamento pues, cerrada la puerta, está prohibida la presencia de cualquiera que no tenga derecho al voto. De igual forma, está prohibidas las salidas de los cardenales, a no ser por graves motivos de salud, y cualquier tipo de comunicación con el exterior.

Las primeras normas sobre el Cónclave aparecieron en 1274. Como sabemos, el papa es elegido por los cardenales electores, los que el día antes de la “sede vacante” (el período en el que no hay Papa), no han cumplido 80 años. En este caso, el 12 de marzo se reunieron 115 cardenales.

Después de haber asistido por la mañana, en la Basílica de San Pedro, a la misa votiva Pro eligendo Papa (misa para la elección del Papa), por la tarde los 115 cardenales entraron en la capilla paulina en orden inverso de preferencia, desde los más recientes a los más veteranos.


A continuación, encabezados por el cardenal americano James Harvey, que es el miembro más reciente, los purpurados entraron en la Capilla Sixtina, siguiendo el orden de preferencia. Todos los cardenales realizaron conjuntamente un primer juramente de respecto a las reglas del cónclave, comprometiéndose, además, a mantener bajo secreto todo lo que allí suceda.


El siguiente paso, es el juramento personal. Cada cardenal se acercó al altar de la Capilla Sixtina de acuerdo con su orden de antigüedad. Con la mano sobre el Evangelio, cada uno formuló su juramento.


Casi una hora después de que los cardenales terminaran su juramento, el maestro de celebraciones litúrgicas, Mons. Guido Marini, pronunció la famosa frase latina: “Extra homnes”.

A puerta cerrada, el cardenal Prosper Grech, que por su edad ya no puede votar, dirigió a los purpurados la última meditación para recordarles su responsabilidad. Después, salió de la Capilla. Y el cardenal más veterano del Cónclave, presidió la ceremonia. Debe preguntar a los cardenales si existe alguna objeción antes de comenzar.

El escrutinio se realiza en tres fases: en el ante scrutinium, se eligen por sorteo tres cardenales encargados de recoger los votos de los cardenales enfermos y tres revisores auditores y se reparten las papeletas; el scrutinium es la votación propiamente dicha y los cardenales escriben el nombre de su elegido y la depositan en una urna; el post srutinium es el momento en el que se cuentan los resultados y se queman las papeletas.

En esta elección se usarán tres urnas de bronce dorado y plata que fueron usadas por primera vez en el cónclave de hace ocho años para que los cardenales depositen sus papeletas, impresas con la inscripción latina Eligo in Summum Pontificem (Elijo como Sumo Pontífice).

Una vez que cada uno sabe qué tiene que hacer y si no hay objeciones, proceden a la primera votación.

 

 

 

 

Y en la tarde del día 12 apareció una primera fumata negra.

 

Dentro de la Capilla Sixtina están reunidos 115 cardenales. Y ese día 13, por la mañana, a las 11:38, en el cielo romano, aparece una segunda fumata negra. La reunión de los Cardenales se suspende para comer en la Casa Santa Marta. Y, es en este momento, cuando los cardenales, empiezan a converger sobre Jorge Mario Bergoglio.

A primera hora de la tarde, se produce la cuarta votación, todavía no decisiva; Bergoglio no reúne los 77 votos necesarios. La elección de Francisco se habría producido en el quinto escrutinio. Lo decimos así, porque como es conocido, todo lo que sucede en la Capilla Sixtina es especialmente reservado. Y así, a las 19:06 se eleva la fumata blanca mientras, según el protocolo, Bergoglio se dirige a la “Sala de las Lágrimas”, para tener un tiempo privado de oración.

Transcurre una hora y a las 20:12, el cardenal Jean-Louis Tauran, pronuncia el Habemus Papam, con el que comunica al mundo entero la elección de Bergoglio. El nombre elegido es Francisco. Pasan 11 minutos hasta que podemos verlo cuando aparece en la Logia de las Bendiciones, el balcón central de la fachada de la Basílica de San Pedro, y pronuncia sus primeras palabras: “¡Hermanos y hermanas, buenas noches! Sabéis que el deber del cónclave era da un Obispo a Roma. ¡Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo, pero aquí estamos!”

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