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EcoEvangelio: III Domingo de Pascua

Lc 24, 35-48

Desde el Resucitado iniciar un camino de conversión ecológica

En la lectura de la Palabra, tanto de este domingo como del anterior, el Señor invita a sus discípulos a reconocerlo: «Él se presentó en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros”. Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un fantasma. Y el les dijo: “¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo. Dicho esto les mostró las manos y los pies» (Lc 24, 36-40).

«Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona» puede traducirse como «mírenme en los pobres, soy yo en persona». Por eso, no resulta extraño que la opción o amor preferencial por los pobres sea una forma especial del primado de la caridad que afecta nuestra vida de cristianos como imitadores de Cristo (cf. DC 385). Y en el contexto actual, en el grito de los pobres aunado al de la tierra, se esconde un llamamiento que viene de Dios (cf. DC 382) que no podemos ignorar, antes bien integrar como parte del discipulado cristiano.

Integrar en nuestra vida la opción cristiana por los pobres y por la tierra tiene consecuencias muy básicas, como el asumir en la propia vida la virtud de la pobreza, con el uso correcto de los bienes materiales (cf. DC 388), y desde aquí revisar nuestra forma de consumo que va más allá de lo que podemos pagar o comprar. Porque, querámoslo o no, nuestra forma de consumir contribuye para bien o para mal al problema de la pobreza y de la degradación ambiental.

Si quieres leer el EcoEvangelio completo, aquí tienes los enlaces.

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