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Catequesis y catequistas por la unidad de los cristianos.

El próximo día 25 de Enero, la Iglesia celebra la Conversión de San Pablo y con ella concluye el octavario de oración por la unidad de los cristianos.

En el camino hacia Damasco,  Saulo, según sus palabras, fue «alcanzado por Cristo Jesús» (Filipenses 3, 12). En sus cartas él va directamente a lo esencial y habla no sólo de una visión (Cf. 1 Corintios 9,1), sino de una iluminación (Cf. 2 Corintios 4, 6) y sobre todo de una revelación y una vocación en el encuentro con el Resucitado (Cf. Gálatas 1, 15-16).

De hecho, se definirá explícitamente «apóstol por vocación» (Cf. Romanos 1, 1; 1 Corintios 1, 1) o «apóstol por voluntad de Dios» (2 Corintios 1, 1; Efesios 1,1; Colosenses 1, 1), como queriendo subrayar que su conversión no era el resultado de bonitos pensamientos, de reflexiones, sino el fruto de una intervención divina, de una gracia divina imprevisible.

En el apostolado de Pablo no faltaron dificultades, que él afrontó con valentía por amor a Cristo. Pablo ya no vivía para sí mismo, sino que vivía de Cristo y con Cristo: dándose a sí mismo. Se puede ilustrar esto con algunas de las expresiones que san Pablo anota en sus cartas. «En cuanto a mí -escribe, en Gálatas 6, 14-, ¡Dios me libre gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!». Tenemos que exclamar con san Pablo«Si Dios está por nosotros, ¿Quién contra nosotros?».

El apóstol descubrió la Iglesia gracias una intervención directa de Cristo, quien, al revelarse en el camino de Damasco, se identificó con la Iglesia y le dio a entender que perseguir a la Iglesia era perseguirle a Él, el Señor: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» (Cf. Hechos 9, 4). Entonces, Pablo se convirtió, al mismo tiempo, a Cristo y a la Iglesia.

A partir de entonces, todo lo que antes constituía para él un valor se convirtió paradójicamente, según sus palabras, en pérdida y basura (Cf. Filipenses 3, 7-10). Y desde aquel momento puso todas sus energías al servicio exclusivo de Jesucristo y de su Evangelio. Su existencia se convertirá en la de un apóstol que quiere «hacerse todo a todos» (1 Corintios 9,22) sin reservas. (Fuente: https://www.primeroscristianos.com/conversion-san-pablo-25-enero/).

El catequista, como Pablo está llamado a ser testigo de lo que ha visto, oído y vivido en el encuentro con Jesús Hijo de Dios, en el día a día, en vivir conforme a lo que cree. El Directorio para la Catequesis en el numeral 79, pone de manifiesto las tareas de la catequesis y que el catequista como maestro, pedagogo y testigo está comprometido en acompañar a quienes la Iglesia le confía en el proceso de educación en la fe.

«…La fe de hecho, exige ser conocida, celebrada, vivida y rezada. Así pues, para formar en una vida cristiana integral la catequesis desarrolla las siguientes tareas: conduce al conocimiento de la fe, inicia en la celebración del Misterio, forma para la vida en Cristo, enseña a orar e introduce en la vida comunitaria» (DC 79)

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