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¡Buenos días, Catequista!

Hola queridos catequistas, os saludamos esperando que la alegría del nuevo curso, os llene de esperanza y creatividad pastoral. En esta semana por ser comienzo del mes misionero queremos profundizar:

¡La identidad misionera del catequista!

Catequista: hoy queremos recordar vuestra identidad misionera en el sentido amplio de la misión evangelizadora de la Iglesia, no especifica (puesto que nuestro quehacer catequístico supone ya un preámbulo totalmente misionero).

Nos referimos a la identidad misionera de todo bautizado porque vagamente o de una manera muy llana tal vez, todo catequista se sabe misionero, se descubre portador de un mensaje que le inunda de alegría, pero a la vez sabe que no le pertenece del todo, que no es suyo por iniciativa o mérito, sino porque le ha sido dado. El catequista no habla en nombre propio, ya no se pertenece a sí mismo, el catequista pertenece a Dios y el anuncio es de Dios. El Anuncio es Jesucristo mismo, mensajero y mensaje…

Como sabéis: “todo bautizado es misionero” por la unción profética recibida en el Bautismo, sacramento primordial que nos constituye portavoces del mensaje de salvación, transmisores de la fe, participes y propagadores del amor de Dios que se nos ha dado desde la creación del mundo y hasta nuestros días.

Del mismo modo, podemos reconocernos misioneros, por el Espíritu Santo recibido manifiestamente en la Confirmación, el sacramento que nos haces capaces de dar testimonio de Cristo, aún en medio de los contextos actuales que nos toca vivir.

Y como misioneros hemos de estar bien nutridos por el alimento sólido que es la Eucaristía, fuente y culmen de vida cristiana y don infinito de gracias, para nuestra misión explicita en nuestras comunidades, parroquias y más allá de nuestras fronteras, así como la misión implícita en lo cotidiano de la vida.

Como veis… la iniciación cristiana es eslabón imprescindible para la vocación misionera, ya que es parte constitutiva en nuestra identidad como discípulos y apóstoles.

La iniciación cristiana es el preámbulo de la comunidad misionera parroquial, porque es una continuidad en el proceso de fe, el cual da vida cuando la comunidad sale de sí misma. La comunidad se forma para evangelizar, se rinde fecunda cuando se da… en pocas palabras la auténtica vida cristiana se vive en clave pascual misionera. Es decir la Pascua de Cristo es misterio y experiencia que marca la vida de fe. La comunidad apostólica se renueva en la Eucaristía y se experimenta enviada – “ Ite missa est” (Idos)- a la caridad, al anuncio y a la entrega sin fronteras.

Con cuánta razón entonces podemos afirmar que, ¡un catequista es misionero!, en el sentido amplio de la misión evangelizadora de la Iglesia, por el fundamento teologal iniciático y por su llamado específico a anunciar a Cristo – sea a los pequeños que comienzan a conocerlo o algunos adultos que se cruzaran en vuestro camino -que movidos por la gracia- desean conocer a Cristo.

Pues bien querido catequista, esto no es suficiente, se necesitan misioneros más allá de las fronteras de la Iglesia instituida y de tu País… hay más de 4,000 millones de personas en el mundo que no conocen al Dios que se nos ha revelado en Jesucristo, ¿qué hacemos por ellos, somos capaces de dar un paso más de lo que ya hacemos?

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