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Verano: el mejor momento para cuidar al catequista

Las salas de catequesis permanecen en silencio. Los cuadernos descansan en las estanterías, los grupos han terminado el curso y las agendas, por unos días, dejan espacio al descanso. El verano ha llegado y, con él, una oportunidad que a menudo pasa desapercibida: dedicar tiempo a cuidar al catequista.

Durante el curso nos preocupamos por preparar cada encuentro, buscar materiales, acompañar a niños, jóvenes y familias. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos quién alimenta la fe de quien dedica tantas horas a sembrar el Evangelio.

El verano puede ser ese tiempo de gracia. Un tiempo para descansar, sí, pero también para leer, rezar, reflexionar y dejar que el Señor siga formando nuestro corazón.

Con ese objetivo nació El pozo de Sicar, la colección elaborada por el Equipo de Catequesis de Galicia. No es una colección para leer con prisas ni para consultar únicamente cuando surge una duda. Es un itinerario pensado para acompañar el crecimiento personal y pastoral de quienes han recibido la hermosa misión de ser catequistas.

El recorrido comienza con los volúmenes de Fundamentos, donde el lector redescubre la identidad del catequista a la luz del Evangelio y de las orientaciones del Directorio para la Catequesis. Sus páginas invitan a volver a lo esencial: antes que enseñar la fe, el catequista está llamado a vivirla; antes que transmitir unos contenidos, está llamado a ser discípulo de Jesucristo.

Después llegan los libros dedicados a las competencias del catequista, con propuestas tan sugerentes como El catequista narrador, El arte de narrar, El catequista mediador o El arte de motivar. Son obras que ofrecen herramientas muy prácticas para aprender a comunicar mejor, escuchar con más atención, acompañar procesos de fe y hacer de cada encuentro una auténtica experiencia de evangelización.

Lo mejor de esta colección es que no ofrece recetas rápidas. Propone algo mucho más valioso: un camino de formación integral que une espiritualidad, reflexión, pedagogía y experiencia pastoral. Un camino que puede recorrerse en solitario, en una escuela de catequistas o compartiendo la lectura con otros compañeros de misión.

Quizá estas vacaciones sean el momento perfecto para abrir uno de estos libros. No hace falta leer muchas páginas cada día. Basta con hacerlo sin prisa, dejando que cada reflexión dialogue con la propia experiencia y despierte nuevas preguntas. Porque también el descanso puede convertirse en un tiempo de encuentro con el Señor.

Cuando llegue septiembre u octubre volverán las reuniones, las programaciones y los primeros encuentros de catequesis. Pero quien haya dedicado parte del verano a cuidar su propia formación regresará con una mirada renovada, nuevas ideas y, sobre todo, con un corazón más disponible para anunciar a Jesucristo.

Porque la mejor catequesis siempre comienza en el corazón de un catequista que nunca deja de aprender.

Tal vez este verano, entre la maleta, una novela y el tiempo para descansar, haya también un lugar reservado para un buen libro de formación. Puede ser el mejor regalo que un catequista reciba de su párroco o se haga a sí mismo antes de comenzar un nuevo curso pastoral.

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