El III Domingo de Adviento es conocido como el Domingo Gaudete, palabra latina que significa “Alégrense”. En medio del camino de espera y conversión, la liturgia hace una pausa para invitarnos a la alegría esperanzada, porque “el Señor está cerca”.
El color litúrgico puede ser el rosa, signo de una luz que comienza a abrirse paso y de una esperanza que ya se vislumbra en el horizonte.
La liturgia de este domingo nos llama a una alegría que no es superficial ni ingenua: es la alegría nacida de la certeza de que Dios entra en la historia aun en medio de nuestras fragilidades.
Isaías anuncia a un Dios que fortalece las manos débiles y abre los ojos de los ciegos; Santiago invita a la paciencia de quien confía en los tiempos de Dios; y el Evangelio nos muestra a Juan el Bautista reconociendo que la salvación no depende de él, sino de Aquel que viene con poder y misericordia.
Este domingo nos invita a discernir la presencia de Dios en lo pequeño, en lo que está naciendo, en lo que aún no se ve completamente. La verdadera conversión consiste en abrir espacio interior para que Cristo crezca. La alegría cristiana surge cuando dejamos de buscar nuestras propias luces y nos volvemos hacia la Luz verdadera que viene a iluminarlo todo.
Os dejamos el material del POR SI





