El legado de Francisco para la catequesis. Memoria agradecida a un año de su muerte
En el día de hoy, 21 de abril, se cumple un año de la muerte del recordado y querido Papa Francisco. A la vez que pedimos por su eterno descanso en Dios, agradecemos su pontificado y, de manera particular, su aportación a la renovación y al impulso de la catequesis en todos sus aspectos.
Su pontificado, de casi trece años (13 de marzo de 2013 – 21 de abril de 2025), ha dejado una profunda huella en la Iglesia y, de modo particular, en la catequesis. Su visión transformó no solo los contenidos, sino también el estilo, los agentes y el horizonte mismo de la transmisión de la fe.
Tres acontecimientos importantísimos para la catequesis se dieron durante el pastoreo del primer Papa latinoamericano:
- La publicación de su primer documento como Pontífice, la Evangelii Gaudium (2013): una catequesis con perspectiva misionera (“en salida”) es una catequesis kerigmática y mistagógica (EG 164-165). Como señala en Evangelii Gaudium: “Es necesario que el anuncio del Evangelio llegue a todos, sin excluir a nadie” (EG 23).
- La aprobación de la nueva redacción del n. 2267 del “Catecismo de la Iglesia Católica” sobre la pena de muerte, declarándola “inadmisible” porque atenta contra la inviolabilidad y dignidad humana (2018).
- La también aprobación del nuevo Directorio para la catequesis (2020), el tercero en su género tras el Concilio Vaticano II, y elaborado por el entonces “Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización”, creado por el Papa Benedicto XVI y hoy parte del “Dicasterio para la Evangelización”, el cual contiene las orientaciones y directrices para la catequesis universal propias de la nueva etapa evangelizadora y los diversos escenarios de la nueva evangelización.
- La institución del ministerio laical (bautismal) de Catequista (Motu Proprio Antiquum ministerium, 10 de mayo de 2021), como un servicio estable y vocacional para laicos (hombres y mujeres) que, con madurez humana y fe profunda, participan en la transmisión de la fe a través del anuncio misionero y la formación y educación cristiana para la madurez de la vida de fe de los fieles.
Por su parte, podemos decir que su concepción renovada de la catequesis se basó al menos en estos cinco ejes: - el encuentro,
- la misericordia,
- el compromiso “en” y “por” la vida, y
- sinodadlidad
- la ministerialidad, no sólo de la catequesis sino del catequista.
1. La alegría del encuentro que transforma el corazón

Desde su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (2013), Francisco situó en el centro de toda catequesis el anuncio esencial del Evangelio: “En la catequesis tiene un papel fundamental el primer anuncio o ‘kerigma’” (EG 164). Para él, este anuncio no era un momento inicial, sino el núcleo permanente: “Nada hay más sólido […] que ese anuncio” (EG 165).
Este enfoque implica una catequesis más centrada en el encuentro personal con Cristo que en la mera transmisión de contenidos o en las pedagogías. En coherencia con ello, el Papa impulsó una pedagogía basada en la cercanía, la escucha y la misericordia, como expresó en Misericordiae Vultus (2015): “La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio” (MV 12). Esta es la pretensión primera de la catequesis kerigmática y mistagógica a la que nos hemos referido.
2. La catequesis, una obra de misericordia
En relación a lo anterior y consecuentemente, la catequesis pasa a considerarse una obra de misericordia espiritual de alto valor, que se asocia a “enseñar al que no sabe”: acompañar a otros a conocer, amar y seguir a Jesús (Directorio para la Catequesis, 51-52).
Por lo tanto, no es una simple transmisión de conocimientos, sino un encuentro transformador que refleja el amor de Dios, sana el corazón y guía hacia la vida cristiana.
3. Una catequesis al servicio integral de la vida: la familia, la comunidad y la vida como espacio catequético

En la exhortación Amoris Laetitia (2016) y en continuidad con los pontificados precedentes, el Papa Francisco reafirmó que “la familia es el primer lugar donde se transmite la fe” (AL 287), subrayando que la catequesis no puede separarse de la vida cotidiana.
Este enfoque amplía el concepto de catequesis, integrándolo en la experiencia concreta de las personas. El propio Directorio para la Catequesis dedicará un extenso y rico capítulo a ello, el octavo, titulado “La catequesis en la vida de las personas”; es decir, a lo largo de todas las etapas de la vida de las personas, desde la infancia hasta la senectud, y en las más diversas circunstancias que envuelven la vida de las personas, como la enfermedad, la migración,… (DC 224-282).
De este modo, incidiendo en lo cotidiano de la vida, tanto familiar, como comunitaria y parroquial, abogaba por una catequesis que transforma la vida y el mundo. Hasta tal punto y en aspectos tan significativos como el cuidado de la “Casa común”. De hecho, en su encíclica “Laudato Si‘” (2015) amplió el horizonte catequético al vincular la fe con el compromiso ecológico y social: “Todo está conectado” (LS 91). De este modo, la catequesis se convierte también en formación para una ciudadanía responsable y solidaria a favor de un mundo más humano.
4. Catequesis como “laboratorio de diálogo” y sinodalidad

La sinodalidad estructura el entero pontificado del Papa Francisco. Está concebida no solo como una estructura organizativa, sino como una conversión espiritual profunda. Con ella se define el modo de ser de la Iglesia como un “Pueblo de Dios que camina unido”, caracterizado por la escucha, el diálogo, la corresponsabilidad y la participación activa de todos y cada uno de sus miembros bautizados.
En consecuencia, “la sinodalidad propone objetivos importantes para la evangelización: lleva a discernir juntos los caminos que seguir; conduce a actuar en sinergias con los dones de todos; evita el aislamiento de las partes o de los sujetos individuales” (DC 289). Y, del mismo modo, conlleva cambios para la catequesis, que pasa a concebirse en el nuevo Directorio como un “laboratorio” de diálogo (DC 53-54): un espacio de encuentro y escucha activa donde fe y vida, la cultura y las situaciones actuales de las personas se relacionan y conectan entre sí; un ámbito en el que, a modo de un “laboratorio” de ensayo, sirve para aprender un estilo “dialogal”: a vivir la fe, fomentar la sinodalidad y dialogar sinceramente con la sociedad.
5. Ministerialidad bautismal y catequista instituido
Una expresión de primer orden de la sinodalidad en el ámbito de la catequesis es la ministerialidad del Catequista.
Con la institución del catequista como un ministerio eclesial, por tanto laical y estable en la Iglesia, Francisco no solo reconoció la importancia histórica de los catequistas, sino que subrayó su papel esencial en la misión evangelizadora de la Iglesia y en el momento actual, que constituyendo un cambio de época, supone por lo tanto una nueva etapa para la evangelización caracterizada por la salida misionera.

Sin duda, éste es el primer ministerio instituido originariamente laical y sinodal – pues desde su mismo inicio está abierto a todos los creyentes, laicos y laicas –; y, por otro lado, un ministerio específicamente al servicio de la nueva evangelización en los novedosos escenarios y ámbitos y situaciones (v. DC, 48-50; 319-393).
Este reconocimiento institucional, además, supone un cambio significativo: la catequesis deja de ser vista como una tarea auxiliar de la evangelización y la pastoral, para convertirse en un verdadero ministerio dentro de la Iglesia, con identidad y misión propias.
¡Acción de gracias!
Por todo esto y mucho más, gracias Dios por habernos dado al Papa Francisco. Ahora que descanse de todas sus fatigas




