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A cinco años de Antiquum ministerium: una Iglesia que reconoce y envía a sus catequistas

Ayer se celebraba los cinco años desde que Papa Francisco publicó la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio Antiquum ministerium, un documento que marcó un momento histórico para la vida de la Iglesia al instituir oficialmente el ministerio laical del catequista.

Promulgada el 10 de mayo de 2021, esta carta quiso reconocer una realidad viva desde los primeros siglos del cristianismo: hombres y mujeres que, movidos por la fe y el servicio, dedican su vida a anunciar el Evangelio y acompañar el crecimiento espiritual de las comunidades.

Con Antiquum ministerium, el Papa subrayó que la catequesis no es simplemente una tarea organizativa o educativa, sino una verdadera vocación al servicio de la transmisión de la fe. En palabras del propio pontífice, el catequista está llamado a ser “testigo de la fe, maestro y mistagogo, acompañante y pedagogo”.

Este aniversario es también una ocasión para agradecer la entrega silenciosa de tantos catequistas que, con creatividad y fidelidad, continúan sembrando esperanza en medio de los desafíos actuales. En una sociedad marcada por la prisa, la indiferencia y la fragmentación, su labor sigue siendo puente entre el Evangelio y la vida concreta de las personas.

La Iglesia recuerda hoy que la transmisión de la fe necesita rostros cercanos, comunidades acogedoras y testigos creíbles. Por eso, el legado de Antiquum ministerium continúa plenamente vigente: reconocer que los catequistas no solo colaboran con la misión de la Iglesia, sino que forman parte esencial de ella.

A cinco años de este importante documento, las comunidades cristianas renuevan su compromiso de acompañar, formar y valorar a quienes dedican su vida a anunciar la Buena Noticia. Porque, como recordó Papa Francisco, “ser catequista es una vocación, no un trabajo”.

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