Estimados catequistas, estamos ya en el Cuarto Domingo de Aviento, y con ello estamos ya a unos días de la celebración de la Navidad.
En el IV Domingo de Adviento, la Iglesia nos invita a contemplar el misterio más grande de la Navidad: Dios está con nosotros. No es una idea ni un consuelo simbólico; es una presencia real que entra en la historia humana, con sus luces y sombras.
La figura central de este domingo es José, un hombre justo que vive un profundo conflicto interior. Ante una situación que no comprende, decide no actuar desde el miedo ni el orgullo, sino desde la confianza en Dios. Su fe no se expresa con palabras, sino con obediencia y acogida. José cree, y al creer, permite que Dios cumpla su promesa.
Isaías anuncia un signo sorprendente: Dios no viene con poder militar ni con imposiciones, sino naciendo de una mujer, entrando en la fragilidad humana. Ese signo sigue siendo actual: Dios se hace presente en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo que a veces no entendemos del todo.
Este domingo, a pocos días de Navidad, la Palabra nos interpela:
- ¿Confío en Dios incluso cuando no comprendo sus caminos?
- ¿Dejo que Dios entre en mi historia tal como es?
- ¿Estoy dispuesto a acoger a Jesús como José, con fe y responsabilidad?
En este cuarto domingo de Adviento, la Palabra de Dios nos recuerda que Jesús viene como Emmanuel: Dios con nosotros. No llega de forma ruidosa ni imponente, sino entrando en la vida cotidiana de una familia, con sus dudas, esfuerzos y esperanzas.
José nos enseña que amar también es confiar, incluso cuando no entendemos todo. Al acoger a María y al Niño, José abre su hogar a Dios y permite que la salvación nazca en su casa.
Hoy, el Señor quiere nacer también en nuestras familias. Viene a habitar en nuestros diálogos, en nuestras reconciliaciones, en el perdón que se ofrece y en el amor que se cuida día a día.
Prepararnos para la Navidad es abrirle un espacio en el corazón y en el hogar, para que Dios esté con nosotros y camine con nuestra familia.
Os dejamos el material del POR SI





