XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C. SOLEMNIDAD DE CRISTO REY
Queridos amigos catequistas de “Red Galicia”:
Con la solemnidad de Cristo Rey del universo, cerramos el año litúrgico en la Iglesia y nos abrimos a una nuevo ciclo.
Antes de dar alguna breve reseña sobre las lecturas de este domingo XXXIV del Tiempo Ordinario, compartiremos algo sobre esta solemnidad.
La fiesta de Cristo Rey fue instituida por el papa Pío XI en 1925 mediante la encíclica Quas Primas. En aquel tiempo, el mundo vivía un clima de tensiones políticas, nacionalismos crecientes y diversas ideologías que intentaban ocupar el lugar de Dios en la vida social. El Papa quiso recordar que la verdadera paz y la verdadera libertad solo se encuentran en el Reino de Cristo, un Reino que no se impone por la fuerza, sino que se funda en la verdad, la justicia, el amor y la misericordia.
Introducción histórica
Con el Concilio Vaticano II, la fiesta fue trasladada al último domingo del año litúrgico, para subrayar que Cristo es la meta final de la historia, el Señor del tiempo y de la eternidad, y que su Reino es el destino al que camina toda la creación.
Hoy celebramos que Cristo reina, no desde un trono de poder humano, sino desde la Cruz, donde se presenta como el Rey que ama hasta el extremo, que perdona, que rescata, que transforma y que abre puertas de esperanza aun en las situaciones más oscuras.
Las lecturas de este domingo, tienen un claro mensaje, aquí os damos unas pinceladas
En este último domingo del año litúrgico, la Palabra nos presenta a Cristo como Rey, pero un Rey muy distinto a todo lo que imaginamos. Las lecturas nos muestran que su Reino no nace del poder, la violencia o la imposición, sino de la cercanía, la misericordia y la reconciliación. Es un Reino que se edifica desde abajo, desde la vida concreta y herida de las personas, y que tiene como trono la Cruz y como fuerza el amor que se entrega.
Cristo reina porque se acerca al ser humano: camina con su pueblo, comparte su historia, carga sus dolores, escucha sus búsquedas y acompaña sus procesos. Su realeza se manifiesta en su capacidad de unir lo disperso, de reconciliar lo roto, de abrir esperanza donde solo había desánimo, de ver un corazón cuando otros solo ven errores. Su autoridad no está en mandar sino en transformar; no en controlar, sino en hacer nuevas todas las cosas.
Os dejamos la propuesta de la liturgia de este domingo.
Para acceder al material pulsa aquí
y también os dejamos esta oración
Señor Jesús, Rey del Universo,
Rey que no humilla sino que libera,
Rey que no oprime sino que levanta,
Rey que no exige sino que sirve:
En este día te entregamos nuestro corazón,
nuestras sombras y nuestros miedos,
nuestras esperanzas y nuestros anhelos.
Reina en nuestras familias
para que haya más diálogo y menos juicio.
Reina en nuestra comunidad
para que construyamos puentes y no muros.
Reina en nuestro país
para que florezcan la justicia, la paz y la dignidad.
Haznos humildes como Tú,
misericordiosos como Tú,
compasivos como Tú.
Enséñanos que tu Reino está cerca
cada vez que amamos, perdonamos, servimos
y dejamos que tu luz entre en nuestras heridas.
Jesús, Rey de amor,
Rey crucificado y resucitado,
reina en nosotros hoy y siempre.
Amén.





